En general, se cree que el marketing directo destaca de otros modos de acciones de marketing, incluida la publicidad, por el hecho de que ofrece un mensaje personalizado dirigido a un target muy concreto y  que pretende una respuesta más o menos inmediata del destinatario y lo que es básico: hace posible medir los resultados obtenidos, traducidos en tasa de respuesta, tasa de transformación, etc…

Tradicionalmente los canales históricos de marketing directo eran el correo, el teléfono, el reparto en mano,… y más recientemente, Internet y el correo electrónico se han convertido en piezas clave y masivamente utilizadas.

Internet está explotando el límite clásico entre la publicidad y el marketing directo. De hecho, un banner publicitario o un enlace comercial es un elemento de publicidad, pero también es un elemento de marketing directo ya que puede provocar una acción inmediata por parte del destinatario y permite medir con precisión los resultados de una campaña (clics, pedidos, …). Internet se ha convertido, por lo tanto, en  un canal de marketing directo.

Pero más allá de Internet,  en acciones de  marketing directo se utilizan otros canales en los que nos vamos a detener con más detalle en próximas “entradas” y que todos y todas conocemos: catálogos, correo electrónico, flyers para buzoneo, telemarketing, presentaciones comerciales, folletos, …

De momento, en estas “pinceladas” sobre marketing directo resumiremos que, entre sus ventajas en relación con otras actuaciones, destacaríamos: la segmentación y definición meridiana de los públicos más propensos a adquirir el producto o servicio, la personalización del mensaje, la rapidez en la medición de resultados, el bajo coste de las acciones  en general y la posibilidad de ofrecer productos o servicios adicionales.

Pero no todo son ventajas. El marketing directo también tiene sus detractores que centran sus críticas en que muchas acciones son invasivas y pueden ser intrusivas en los espacios de intimidad. Otra de las críticas que se suelen repetir con frecuencia se refiere a la sencillez de los mensajes y, por lo tanto a la reducción de códigos en la comunicación. Otros, en fin, en el caso de destinatarios  “complejos”, masivos y difíciles, también critican los elevados costes que pueden producirse.

La clave está en saber elegir las mejores opciones, las que más se adecuan a las necesidades y a los objetivos que se persiguen.

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